H O M E

Diario UNO - Santa Fé 08-12-07

El Maestro de Musica
Marcelo Arce: balance de año y perspectivas de 2008

El reconocido difusor cultural, creador del ciclo La Clásica Música, vivió un 2007 exitoso que lo trajo a Santa Fe y lo puso en la luz mediática. Show lo consultó sobre la temporada que pasó y la que se viene

Ignacio Andrés Amarillo
show@unosantafe.com.ar

Marcelo Arce cerró el pasado 21 de noviembre su primera temporada en Santa Fe del ciclo La Clásica Música, con la promesa de retomarlo el año que viene. Convertido en una figura a nivel nacional, con sus ciclos en varias ciudades, su programa de cable (que le ganó el premio Fund TV a Algo Habrán Hecho, de la dupla Pigna-Pergolini) y su colaboración mensual en Lanata PM, en Radio Del Plata de Buenos Aires.
Con la fatiga del 2007 pero con la satisfacción del trabajo realizado, este particular divulgador musical hizo su evaluación ante Show, y anticipó algunas novedades para el año que viene.
—¿Qué balance hace de la experiencia en Santa Fe?
—Parafraseando piezas de uno de mis ídolos, Carlos Guastavino, “Santa Fe antiguo” me ha dejado tanto el “Bailecito” como la “Cantilena Santa Fe para llorar”. Intento decir que ha permitido las más diversas e imborrables sensaciones, desde la impresión ante su historia, desde la alegría desbordante, hasta la lágrima conmovedora, la que experimenté en el final del ciclo, con La Voz, de Callas a Sinatra. Juro que costó recomponer la forma y saludar. Esa extraña reacción como cuando despedimos a un ser querido a punto de hacer un viaje, un corto viaje.
Sabemos que llegará el reencuentro, pero ese quiebre se vuelve inevitable. Y esta relación magnífica que va y vuelve entre el público santafesino con la música como puente, comenzó tímidamente. En el segundo espectáculo, Bolero de Ravel, ya sabía que estaba en casa. El placer aumentó en cada oportunidad. Es obvio que este breve lapso hasta abril provoqué un golpe de nostalgia, pues pierdo momentos ¿cómo explicarlo?... inconmensurables. No sólo se trata de una actividad profesional (y realmente no sé a cuál equipararla). Juro que es un disfrute mezclado con inquietud, nerviosa seguridad con enorme responsabilidad. Es espontaneidad de doble filo. Aquí –como en todos mis ciclos– cada función es absolutamente distinta, aún cuando el tema lleve un mismo esquema. Varía conforme la reacción del público, y la motivación que en ese preciso instante me llega desde él.
Digo “él” porque siempre tengo la certeza que hablo con una individualidad, como en un living (sin embargo, prefiero un escenario a un living; lo percibo más intimista). Inevitable se cumplen signos que aprendí... se congelan las manos antes de entrar al escenario; y a su vez, al entrar, se siente “el halo mágico” como decía una de las divas de la lírica, Magda Olivero.
El público santafesino ratifica lo que ¡por suerte! sucede en muchísimos casos: el arte está al alcance de todos. Sólo requiere sensibilidad. Y desde el primer instante, no hubo lugar a dudas. El público santafesino es no sólo sensible; es abierto y receptor, exigente y contagioso. Y así el círculo se retroalimenta, música mediante. Jamás olvidaré el momento vivido con el célebre Adagio del Concierto de Aranjuez. La conexión fue impresionante. Todo flotaba; el sonido había galvanizado la sala y nuestras almas. Sé perfectamente que es una de las obras cuya emoción no puedo controlar, pues lo que narra –e intento describir a la gente– es muy fuerte.
En esa ocasión, aquí en el Centro Cultural Provincial, cuando la emoción llegó al punto límite, se cerró el círculo. El público y yo comprendimosque nos comprendíamos. Cuando termina, con el ascenso del niño al cielo, tal como lo cuenta el Adagio, y estalló el aplauso, las lágrimas, la querida gente de pie, yo que no encontraba un cono de sombra, en fin... fue un acuerdo tácito. Me sentí contenido. Es algo así como una plena realización compartida.
¿Qué balance puede hacer de este 2007 a nivel personal? (Premio Fund TV, Lanata PM, sumatoria de ciclos, entre otros).
—Lo fundamental: estoy afianzando mi principal objetivo, llegar al verdadero país, el interior. Viajo mucho pero quisiera triplicarlo. Muchas veces me lamento que no se concrete por carecer de un ínfimoimpulso desde el otro extremo.
Temen y cuando se atreven, el público demuestra el error –obvio, de buena fe, con buena onda ¿Es un concierto? ¿Es una clase? No hay que explicarlo. El público lo intuye, no necesita aclaración, aunque tuve que encuadrar mi actividad como “espectáculos didácticos”. Comencé en Capital, y nunca terminaré de tributar a seres sensacionales cuya fidelidad alegra e impulsa hace tantísimos años –hay quienes iniciaron el camino conmigo–¡hace 33 años!
Ahora, Capital ha quedado prácticamente reducida a los cursos que únicamente puedo dictar en una institución que adoro, El Ateneo (en el Auditorio de esta clásica librería), y el ciclo principal, en el Teatro Avenida con 10 funciones (de marzo a diciembre). En 2008 realizaremos la 15ª temporada de abono (es decir, hace 15 años que un promedio de 600 personas apuesta por anticipado al ciclo). Y lo dedicaremos a Clásico y Moderno, pues en cada función expondremos puntos de contacto entre los creadores de la única música, la buena. Así, se dan la mano Mozart y Lennon, o Mahler y Queen, o Vangelis y Don Beetho (o sea Beethoven, según una causa histórica), y desde el tango a la sinfonía, o desde Carmina Burana a Puccini...
El 2007 está dejándome un abanico fantástico. Como un disco que se graba. Jamás imaginamos que con una producción marcada en cero, obtuviéramos el Premio Fund TV compitiendo con magníficos productos como Algo Habrán Hecho (de Telefé) y Filmoteca (de Canal 7). Es más: La Clásica Música, el programa de cable (por Canal Formar), surgió tras infinidad de propuestas que me hacían y que nunca maduraban ni escuchaban los productores; cuando se complicó y debían buscar estudio, equipamientos especiales, y lo peor para mí, insumir tiempo extra, pruebas y repeticiones al infinito decidí: que sean mis funciones, sin guión y directamente desde el Avenida. Necesito de la sinergia con el público.
Y en el mejor surco de este disco, surge Jorge Lanata. Fue primero una invitación para hablar de Wolfi (Mozart) en el Educando a Romina que ya era un tradicional. La consonancia fue inmediata y me convocaron para la columna ¿Debo repetir que no sé cómo tributar? ¿A él, a todo el Equipo, con mayúscula? Porque lo que se escucha es así de real y auténtico. Como su frase “las cosas como son...”. Y Lanata es tan criterioso como inteligente, tan apasionado como sereno. Siempre admiré al profesional y polifacético Lanata; pero también la música me regaló el honor de conocer al titánico ser humano, que enseña, que guía, que se conmueve e identifica.
Todo esto con un detalle particular: esa relación abierta, sincera y de mutuo respeto, va exactamente en ese día, de 17 a 18 y en el límite físico de Del Plata. Trabajar y tratar de sincronizar con semejantes profesionales es tan aleccionador como motivante. Ellos realmente escuchan y “volamos” juntos, desde las inquietudes al aporte de toda la mesa. Se improvisa, se arma allí, con la adrenalina de la producción y la pericia de la operación técnica.
Con 30 años de radio, me siento “en el halo mágico”. Hasta se pierde el apetito. Pero esto es poco cuando se trata de Del Plata, pues allí comenzó a realizarse mi sueño de divulgar la música. Fue la primera AM que apostó a la música clásica. Empecé en el 93 y siempre la viví como mi casa. La que me permitió desde “ver” al público hasta tener el programa de mayor duración, El Paraíso, clásico de domingo, de 9 a 21. Sí, doce horas, con la música –toda la música– como excusa para recorrer los más diversos temas.
Otro momento fabuloso fue El nuevo viaje musical a Viena. Cursillo y materiales previos, y la compañía de 15 personas. Formamos un cromático grupo con plan de 12 días. Óperas, conciertos, ballet, ensayos ¡sólo para nosotros!, sorpresas, rarezas, excursiones, momentos sublimes con lo más excelso de la música, desde Domingo a Ozawa, desde Edita Gruberova a Maazel, desde Vivaldi a Mahler. A lo pautado, agregamos lo que allí descubro y combinamos.
Impulsado por ese grupo, ya lanzamos la inscripción para el Tour 2008 que en febrero debe cerrarse. Tal vez sean 22 días en junio entre Viena, París, Milán y Verona. Estoy cerrando la complicada ingeniería de fechas para aprovechar al máximo. Hay que equilibrar tiempos con la mayor variedad de estilos y géneros. Los artistas van de Argerich a Pollini, de Ozawa a Mehta, de Maazel a Muti, de Netrebko a Gruberova. Nueve óperas (de Donizetti a Strauss), 17 conciertos (de Bach a Messiaen). Además, en ese período confluyen intérpretes de todos los puntos cardinales. Es ideal. Mi área compite sólo en el armado artístico; luego organiza la agencia de Semana Musical Llao Llao, prestigiosa y seria.
Y también 2007 deparó dos grandes eventos: Callas Diva, a 30 años de la muerte de María Callas,
la voz del siglo: fue en dos partes, a sala colmada, en El Nacional.
Era la primera de las galas anunciadas en septiembre del 2006. La segunda se cumplió en la fecha fijada, el 16 de octubre: Caro Pavarotti. Esta “voz de sol” como la llamo, que perdimos en septiembre, precisamente entre la primera y la segunda parte de Callas Diva. Septiembre se llevó a dos grandes: Callas en el 77 y Pavarotti este año. Las ediciones especiales que veníamos armando desde enero fueron arduas, pero parece nada ante la emoción que desbordó todo lo imaginable. Hubo que agregar funciones extraordinarias en el Avenida.
Precisamente con Caro Pavarotti (un recorrido por su arte, con arias, canzonettas, los Tres Tenores, anécdotas, sus amigos como Bono y Liza Minelli) será el eslabón inicial del ciclo La Clásica Música en Santa Fe 2008. Exactamente, el miércoles 9 de abril, siempre en el Centro Cultural Provincial ¿Y otros temas en carpeta?: La Traviata, Carmen, De Vivaldi a Queen, la Novena de Beethoven, Clásicos en Mi Buenos Aires Querido, Gershwin... veremos. Siempre con pantalla gigante y subtitulados, claro.
—¿Qué proyectos nuevos tiene para el año que viene?
—Llegará el libro que tuve que postergar (encargado hace... mucho tiempo por una clásica editorial),
aunque debería estar escribiendo el segundo, según el compromiso. Debo musicalizar una película sobre un capítulo del holocausto. Y estamos en la implementación de un sistema de divulgación musical por conferencia en red.
Tengo dos deseos muy obsesivos. El programa de radio, y la asiduidad de los conciertos didácticos con multimedia con orquesta sinfónica, que inauguramos con una serie con la Sinfónica del Neuquén ¡y fue bárbaro!
Seguirán las galas en el Avenida: Maestro Karajan (se cumplen 100 años del natalicio del, para mí, más grande director del siglo XX). Y la dedicada a Plácido Domingo.
Espero lanzar (¡de nuevo!) el ciclo La Música del Pasado Siglo XX. Ojalá el público confíe. Trato de no bajar los brazos. Es una constante preocupación. Me apena que la gente se pierda maravillas por un prejuicio que tiene complejos orígenes.
—¿Cómo ve la enseñanza de la música en la educación formal? ¿Sirve para algo tal como se la imparte hoy?
—Entendiendo que se refiere a la enseñanza en primaria y secundaria... hay excelentes docentes y apasionados
educadores, a veces aprisionados en sistemas. El cambio es sencillo y sin costo. Simple decisión de estrategia (llámese “política”). Inducir a conocer toda la música. Obviamente, algunos docentes (que presumimos en su buena fe) deberán discernir para optar por lo afinado. Se puede orientar al educando de mil modos, pero siempre optando por la calidad. Que tanto el docente como el alumno encuentren felicidad (desde la calidad) en Vivaldi como en Queen. El docente sabe que nunca la hallará (calidad como felicidad) en tantos ¿intérpretes? y bandas extranjeras y locales que ofende mencionar (aunque sí pueda encontrar otro modo extraño pero respetable de felicidad). Claro, sería bueno tener las pruebas: si las hay, deben ser las partituras.


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